¿Solo el pan?

pan liibook—Miguelito andá a comprar el pan de una buena vez — me grita desde el planeta Tierra mamá.

¡Ufaaa! Siempre yo. Le pego una patada a los minúsculos marcianos de plástico para que no me invadan mientras no estoy y busco la bolsa de las compras.

—Mamííí! La puerta tiene puesta la traba, yo no alcanzo, no voy a poder ir.

—Miguelito, no te hagas el sonso, vos sabés. Agarrás el banco y ya está. Si no volvés en diez minutos, esta tarde no mirás la tele.

Sintiéndome como esos esclavos que empujan grandes piedras en las pirámides, comienzo a arrastrarme hacia el almacén.

¡Uy! Espero que don Pepe haya cerrado la puerta cancel de su jardín. Está re-loco, ahora que me había amigado con el perro guardián, lo cambió por una pareja de teros para que le avisen a los gritos de cualquier desconocido. Cada vez que paso, hasta plumas les vuelan del bochinche que me hacen. No me van a hacer nada, me contó mamá, cuando me fue a buscar ayer. Teniendo prohibido cruzar la avenida quedé inmóvil, casi llorando del susto y sin animarme a volver. Ya está, pasé corriendo y ni me miraron.

El sol me está dando calor pero si me saco el “pulóver” me van a retar. Ya casi mediodía no hay sonidos ni movimientos, qué aburrido.

—Ahí va, el hombre de la casa ayudando a la mamita— Me carga José.

—Daaale, a vos también te mandan ¿Qué hacen? — le contesto socarrón.

—Íbamos a jugar a las figuritas.

— ¿En serio? Mira que el Colorado gana siempre.

—No señor, ayer gané yo ¿Querés probar unos tiritos?

—Y…a mí me faltan de San Lorenzo.

— ¿Tenés de Huracán?

—Sí ¿Y vos Colorado?

—Yo ya terminé el álbum, así que tengo de todo.

—Bueno, delen que estoy apurado. Trazo una raya con una piedra sobre la vereda y pregunto canchero — ¿Con tapadita, no?

Llego corriendo al almacén, si cerraba mamá me iba a matar. Encima el Colorado con dos tapaditas que se mandó, nos sacó todas las figuritas.

Subo los dos escalones doy un paso y, aunque acostumbrado, espero intranquilo que mis ojos se agranden a esa oscuridad. Don Braulio con el tiempo ha ido amontonando la mercadería aun frente a las vidrieras y llenando así con sombras el lugar.

— ¡Buen díaaa!

—Buenas…— me contesta don Braulio atravesando una especie de cortina formada con tiras de plástico de colores.

Al fin, cuando veo su cara y hombros sobre el alto mostrador, le recito mi eterno pedido.

—Dicemimamáquenecesitamoscuatropanes.

—Muy bien ¿Algo más?

—Que lo anote en la libreta nomás. Y le alcanzo la bolsa sobre mi cabeza.

Cuando salgo de la panadería, el mundo ha cambiado. Está lleno de colores que se mueven, hacen barullo y tocan bocina. Las casas han crecido y las personas se ven en todos lados, van, vienen o solo están. Siento el lugar tan cosmopolita que intuyo una vaga melancolía de lo despoblado. Me siento en un banco de la pequeña plaza triangular, sus verdes, sus flores y sus añosos árboles son como un atolón coralino que emerge del mar de asfalto que lo rodea.

Desmigajo y arrojo un puñado de pan. Los gorriones aunque desconfiados, no resisten su gula y al rato ya hasta a mí me picotean. Cuando aparecen las palomas, tontas y prepotentes, me molesto y sigo mi camino.

Encuentro una vereda marcada y las hojas secas se me hacen figuritas, el viento juguetón hace una tapadita y soplando se las lleva a todas. Cerca de casa, al pasar frente al escaparate de un negocio, siento en mi mente fantasmales gritos de teros y desconcertado me apresuro con un cosquilleo en el vello de la nuca.

Busco el llavero, abro la puerta y mientras vuelvo a cerrarla, grito riendo —Mamiii, ya traje el pan.

Julia, con cara de asombro, de risa y de regaño me contesta:

—Mami, tu abuela. Mirá si te vas a hacer el nene ahora.

Mientras la abrazo, le susurro feliz que hoy me di cuenta  con dicha que una de las tareas de mi vida es sencillamente: buscar el pan familiar.

Carlos Caro

Paraná, 17 de Agosto de 2013

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7 comments

  1. Te parecerá poca recompensa el abrazo de Julia. Me encantó tu túnel del tiempo, Carlos. A veces una piensa que la vida no es más que eso, salir a comprar el pan con los calcetines de perlé que me hizo mi abuela y volver con el tiempo justo para recoger al nieto del colegio. Un beso!

  2. El cambio de época instantáneo que se da me arranca de una realidad creada por la rutina diaria, leo y poco a poco me pongo a pensar en como el tiempo a pasado desde que era un niño y me doy cuenta de que los tesoros mas valiosos que recolecte en mi travesía por estos cortos años de vida que tengo el honor de mostrar son mis recuerdos, gracias en verdad por recordarle al mundo que las cosas cambian, pero que siempre se quedaran dentro de nosotros y por ultimo deje de hacerse el aniñado con su esposa jajajaja 🙂

    un abrazo de su simple lector

  3. No tan simple Jose, has leído el cuento perfecto y has definido tal cual, su meta mensaje. No contento con ello, me lo has hecho llegar ¿Que mas podría pedirle a un lector? Un abrazo

  4. El pan en la granja era el coche del panadero que nos avisaba con su bocina según subía por el camino de grava. Mi tía o mi abuela nos daban “los dineros” para que saliésemos a toda prisa a cargar con hogazas suficientes para todo un regimiento. En la merienda se acababan.
    Besos: Sol.

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