Mensaje para fede

mensaje para fede Un pequeño desacuerdo terminó siendo un intercambio singular. Barajábamos argumentos con la mente fría y el corazón ardiendo. Me dirigía sus jóvenes ideas como estiletes. Curtido por la experiencia de años, simplemente las eludía y le devolvía estratégicos  almohadazos. Esto lo frustraba pero ya había aprendido que los gritos son el refugio de la falta de ideas. Meditaba unos momentos y arremetía desde otro ángulo. Por fin me harté de discutir; le dije que era imposible que nos pusiéramos de acuerdo.

Me miró con sorpresa y pinchándome socarrón me preguntó si se me trababa la lengua o se me había pinchado una neurona.

Me senté exhausto en el sillón y con una sonrisa amarga intenté explicarle que veíamos el mundo de manera totalmente diferente. Ahondando su sorpresa le repetí, como otras veces, que yo podría acercarme a entenderlo, pues ya había transitado casi una vida. En cambio él, que apenas empezaba, sólo podía imaginar mis percepciones.

Señalando hacia abajo le pregunté: — ¿Qué ves acá?

—Nada

— ¡Aja! ¿Estas flotando en el aire?

—Ah, el piso.

— ¿Y que más? Describímelo.

—Eeeh, bueno…, es de madera oscura.

—Lo que vos llamas madera oscura y que yo admiro como una artesanía, es parquet, del francés, porque se empezó a usar en Versalles. Está hecho con roble de Eslavonia, una región de Croacia. Es una madera tan valiosa y usada que suponen la especie se extinguirá en poco tiempo más. Más allá de su valor, no sólo lo veo con mis ojos sino también a través de mi memoria, es como un índice de momentos ¿Ves esos pequeños huecos, como medialunas minúsculas? Son las marcas que dejaron unos hermosos zapatos negros de tu madre, de altos tacos aguja. Todavía la veo, elegante y provocativa, casi casi, mirándola hacia arriba. Acá, esta raya negra, que aún me duele, es en realidad la quemadura de un cigarrillo consumido, caído descuidado, cuando insistía en fumar. Allá, esa mancha más clara que apenas se nota, con forma de charquito, son tus orines de nene. Es el sello de nuestra distracción mientras intentábamos ir quitándote los pañales. Mirá por la ventana ¿Qué ves?

—Los edificios de alrededor.

— ¡Vamos, hace un esfuerzo! ¿No notas el hueco?

— ¡Ah, sí! Se ve el río.

Cansado, le machaco: —No sólo se ve el río, están los árboles, las barrancas, la isla y más allá, la inmensidad del Paraná. Es una llanura de agua y verdes que se pierde en el horizonte. Entrecerrando mis ojos, vuelvo a ver como antaño. Los edificios desaparecen y me encuentro rodeado por las colinas furiosamente verdes y marrones que se perfilan suaves contra el celeste soleado de un día de primavera. Vos ves la vida como un delicioso pastel al cual le has dado pocos mordiscos y te apurás, ansioso y con anteojeras en pos del resto. Yo ya lo he engullido casi todo. Aunque algunos bocados han sido muy amargos lo poco que me queda lo escatimo. Lo voy paladeando migaja a migaja. No porque sólo piense que se termina sino que mi memoria vuelve a degustar cada parte con la debida atención, muy lentamente, sintiendo todo lo que pasé por alto, atolondrado, en su momento; mientras corría tras ilusiones vanas, ciego a lo importante y trascendente.

Un leve golpe en la cara me despierta, en la penumbra del dormitorio me doy cuenta que me quedé dormido apoyado al lado de la panza de Camila. Fede debió ponerse celoso y me pegó una patada. Debe estar grande, sólo faltan dos meses para su alumbramiento. Recuerdo que anoche le empecé a hablar para acostumbrarlo a mi voz. Hice un largo diálogo sinsentido en contrapunto con Camila. Ya sin luz el murmullo nos fue durmiendo.

Tuve un sueño muy extraño en el que siendo ambos ya mayores, yo le explicaba que en la vida hay cosas que no deben pasar desapercibidas. No sé si mi mente o su cercanía me han mostrado esta certeza, esta bella y humana forma de vivir.

Debo escribirlo rápido antes de olvidarlo. Cuando suceda esa discusión, dentro de muchos años, le entregaré contento estas palabras en un sobre amarillento. Agarro el anotador y la birome, me encierro en el baño y enciendo la luz.

Querido Federico…Lo pienso mejor y tachando sigo:

Esperado Federico:

Hoy…

Carlos Caro

Paraná, 11 de julio de 2013

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5 comments

  1. Qué bellas palabras. Tu discusión con Fede es el lógico desencuentro de todos los padres y todos los hijos del mundo. La realidad es una y única, pero no es absoluta, por eso nosotros y ellos, y cada uno de nosotros y cada uno de ellos vemos una realidad diferente, porque cada uno la vemos desde nuestra gran o minúscula parcelita y nos muestra una de sus innumerables facetas, cada una distinta, cada una reflejo de un mirar único y diferente. Me encantó la forma en que se lo explicas a Fede. Las manchas de la vida, las cicatrices que el tiempo nos va dibujando en el parquet del salón son como souvenirs de viajes que perviven ya tan solo en un rincón de la memoria. Me regalaste un bonito momento, Carlos. Un beso

    1. Lavanda, comentas tan bien como escribes. Me confirmas lo que vi en tus textos, tu ves la vida también a través del tiempo. Coqueta, escondes tu edad. Me asombraría fueras muy joven. Otro beso

  2. Las almas no tienen edad, Carlos. Bueno, en realidad, las almas se van haciendo más y más jóvenes de día en día. El único requisito para rejuvenecer es compartirse. Gracias por compartirte. Beso

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