¿A donde te vas?

Adonde te vas megusta

A medio vestir, extrañado, noto tu falta. Preocupado por los quehaceres del día que me esperan, desecho la sensación. Sin embargo, la duda roe mi voluntad. Quiero comprobarlo y salgo al jardín todavía gris y brumoso. Habitado por plantas de cenizas y flores prietas.

Veo esperanzado la silueta de las colinas delineada por la brecha del alba. Reverente, espero infinito que mi alma renazca junto al sol.  Majestuoso crece lento, barre los últimos vestigios de la noche. Minucioso descubre los colores, aún los más escondidos.  Mis ojos ya se queman por su fulgor y con lágrimas, resignados, finalmente parpadean.

Miro a mi alrededor como en un banquete, me regalo las flores más bellas, las de colores más lozanos, las nuevas que, asombrado, no sé de dónde han salido. El aire se puebla de alas veloces. Eso rompe mi abstracción y mis oídos vuelven a ser libres de nuevo. Oigo mi risa que juega entre el millar de cantos, chirridos y piares febriles.

El empuje de la vida me inunda y todo recomienza. El rumor de la ciudad me alcanza y como si fuera un enchufe me conecta a la humanidad. Mis sentidos estallan de sensaciones pero sigo sin encontrarte, mi presentimiento se vuelve certeza y el temor nace como una semilla maligna. La luz se opaca y los sonidos se alejan.

Esto es una tontería, me digo enojado y decido hacer una caminata para recuperar mi ánimo. Parto hacia la plaza y ya empiezan los contratiempos: doña Filomena está lavando la vereda. —Buen día, doña— le advierto en vano— ¡Buen día, doña Filomena! — le grito aburrido. Por suerte deja la escoba y haciendo a un lado la manguera me da paso sonriendo con ese viejo afecto vecinal. Me arrepiento de mi mal humor y le  devuelvo la sonrisa culpable pero la pobre cada día está más sorda y ya me enchastró dos pantalones este mes.

Me aparto de la avenida ruidosa y embobado, transito de un lapacho a otro. No les queda una sola hoja, se han vestido con miles de flores rosadas. Nunca se ponen de acuerdo, cada uno florece a su tiempo. Son todos distintos, en su forma, en la cantidad de flores, en el tono de su rosa. Para completar el deleite, las aceras se ahogan bajo su aluvión. Pese al afán de limpieza, durante estas pocas semanas el hombre bajará su testuz y algunos locos desprolijos. Podremos sin disimulo caminar sobre la flores pensando ilusos que nos dirigimos al cielo.

Llego a la plaza y ni rastros de vos. Desespero, ya me duele tu ausencia y empiezo a rememorar qué mal he hecho que haya provocado tu abandono.

A esta hora de pleno trajín, la plaza luce desierta. Es una joya de vida engarzada entre las calles estériles. Las flores son sus mil facetas que reflejan el arco iris. Mi vista se vuelve frenética por no encontrar más ojos que contemplen esta maravilla. Ya no sé de qué otra forma mirarla para incrustarla por siempre en mi mente.

Elijo un banco interno, de espaldas al asfalto, con una media sombra tenue que filtre apenas este sol tan lindo. Me siento tibio en esta primavera que se adelantó, me acaricia perfumada una brisa reencontrada. Es mi preferida, no hay otra tan fragante cómo esta.

Sin vos, todas mis vivencias y anhelos quedarán casi inútiles dentro de mí. Habrás amputado mi voz, limitado mi alma y achicado mi trascender. Agobiado, la mente se me dispersa perdida en el mundo, mientras mis ojos juegan a las escondidas con la luz entre las hojas de los árboles.

Sí, ya te sentí. Con alivio, mi felicidad te abarca completa. Como un amante temo perderte, sin comprender que sos veleidosa, vas y venís; te escondés.

Ansioso sufría mientras sólo dormías.

 

Carlos Caro

Paraná, 19 de septiembre de 2013

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2 comments

  1. No hay como paseo en un hermoso día para calmar la desazón, sobre todo cuando ésta es autoinducida. Romanticismo y humor es la mejor combinación. Besos: Sol.

  2. Me desconciertas, a veces luces como indefinida, otras afanosa. Dejas que todo fluya sin querer entrometerte y… ¡De pronto! Haces la mejor lectura de este cuento, entre dieciséis comentarios que ha recibido en diversos sitios ¿Eres una Elfo? Un beso

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