Serán centena

Aniversario 23 liibookDe improviso me sé despierto en la oscuridad. Las frías sábanas de tu lado me recuerdan tu diario partir. Mis anhelos me hacen sentir como cierto tu beso de despedida en mi mejilla. Aparto las cortinas y sólo encuentro un día mediocre. El sol ilumina desganado entre nubes grises, pero tan tenues que tampoco traerán la necesaria lluvia. Los pájaros lo advierten y pasan mustios y silentes, resiento la falta de sus cantos. Me sacudo este ánimo decadente como si fuera el agua del pelaje de un perro y con una sonrisa de revancha resuena en mi cabeza ¡Hoy es el día! Lo declaro contento pues conociéndote, que solo lo recuerde ya te hará feliz.

Debo acicalarme; al rato ya lucho bajo la ducha con ese nuevo jabón. Me has dicho que reverdecerá nuestra piel algo marchita. Cuando se me escurre y cae la primera vez, lo recojo con simpatía y hasta un flash de mi memoria lo transforma en el patito amarillo de mi niñez. Sin embargo, al agacharme por tercera o cuarta vez, un sutil temor me invade al patinar sobre la loza. Decido no ser egoísta y dejarlo todo para vos, me conformo satisfecho con esa lámina restante de nuestro jabón de costumbre.

Al fin, ya afeitado y peinado, me veo magnífico en el espejo hasta que me coloco los lentes. En realidad es un misterio porque mi imaginación coloca invariable a ese extraño frente a mí, insiste en incrustarlo en la plata dos o tres veces por día. Pareciera que esa parte de mi cerebro es ajena a mi alma, que no comprende ni advierte que soy perpetuamente el mismo. Luego de desayunar prendo la compu, mi maldita ansiedad comienza carcomerme y no presto atención, recomienzo mil veces. El timbre no suena y las horas pasan… ¡Ahí esta! Ya estoy abriendo la puerta, ni sé cómo llegué hasta allí. Por Dios, son tres de sus representantes. De una de esas nuevas iglesias que ni el nombre  completo retengo. Cada vez que nace otra, su denominación varía y crece para evitar confusiones. Le agradezco al Creador me evite por su intermedio el tormento de la espera y los sorprendo prestándoles gentil mi atención.

Atosigado de folletines y revistas, logro con disculpas mentirosas volver a cerrar la puerta. No he terminado aún de echar todo al cesto cuando mi buena obra recibe su premio. El timbre suena de nuevo, corro deseoso como cuando buscaba mis regalos el día siguiente a los Reyes Magos. Ahora sí, al fin el envoltorio esperado. Lo coloco contento en un lugar apropiado y ya solo te espero. Me he hecho el tonto estos días para que pensaras que, como siempre, lo había olvidado. O, recapacito, soy felizmente tonto y no he podido engañarte ni siquiera un instante. De cualquier manera, tus ojos se agrandaran igual por la sorpresa y tu sonrisa será una nueva alianza, tantas ya.

Te oigo abrir la puerta y desenvuelvo agitado el ramo de flores blancas. Apúrate mi amor, estoy tan nervioso como entonces. Mi padrino se ríe en mi memoria y me arregla el nudo de la corbata. Las flores que sostengo serán el marco de nuestro beso como si fuera aquél, el primero de casados hace ya…ayer.

 

Carlos Caro

Paraná 05 de setiembre de 2013

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6 comments

  1. Buena literatura y romanticismo nada más despertarme. Son los mejores ¡Buenos días! y se los he enviado a mis contactos para que también empiecen el día con algo precioso. Impecable.
    Besos: Sol

  2. ¡Qué bonito, Carlos!

    Tiene razón Sol, es un gusto estrenar el día leyendo algo tan lindo, sin duda. Yo es que los fines de semana estreno tarde el día, soy muy dormilona, jajajaja. ¿Sabes que a mi me ocurre algo parecido cuando me pongo mis lentillas por la mañana? Sin ellas, con la miopía que padezco, veo una cara en el espejo que poco se parece a la que asoma cuando por fin veo todas las líneas nítidas. Es como un descubrimiento, que a veces agrada, y a veces desconcierta. Cosas del efecto borroso…

    Un abrazo

  3. Es posible que de vez en cuando haya que quitarse las gafas, o las lentillas, o lo que quiera que sea que a uno le permite percibir una realidad arrugada, descolorida y desgastada por el paso de la rutina. Quitarse esos lentes y dejar que el espejo devuelva la imagen del alma, esa que no se arruga ni se decolora por mucho que pasen los años y los sufrimientos. Si fuera tan sencillo recuperar esa ilusión… sí, lo es. Solo hace falta dialogar un momento con el ser humano que permanece intacto dentro del corazón, y descubrir que sigue siéndole uno fiel. Un beso y gracias por emocionarme.

    1. No es ilusión. Tu alma es la dueña de tu mente. Nos han enseñado tanta razón que nos confunden. Piensaté de nuevo, antes de la razón. Si tu alma lo decide puedes ver, oír, sentir o; por lo menos, imaginar cualquier universo. Un beso

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