La espera

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Decido limpiar el ventanal, está turbio y frío por el invierno que termina. Empiezo por lo alto, vuelvo a aprender en mis recuerdos las enseñanzas de mi tío quien muy seriamente me explicaba de infante, trajinando con un trapo empapado, que a los autos se los lava comenzando por el techo, por arriba. De modo de no volver a ensuciar lo hecho. Dado que mi estatura no superaba las ruedas, tal regalo de sabiduría práctica generó inesperadas ideas en mi cerebro y advertí de pronto un infinito mundo de techos ignorados. Intento ser prolijo y limpiar paño por paño. Sin embargo al bajar un poco, ese sol temprano, rasante, con precisión germana retrata su fulgor y me ciega.

Molesto, vuelvo a subir y cambió mi estrategia. Limpiaré a todo lo alto e iré descendiendo a medida que el sol también lo haga, devolviéndole así sus dominios a mis ojos. El polvo se ha pegado a los vidrios, al limpiar lo rompo y cae en láminas que brillan hermosas hasta perderse nuevamente en la oscuridad del piso. Ya puedo ver las copas de los árboles que se mecen apenas con una brisa presentida. Algunos florecidos muestran orgullosos sus colores. La envidia del resto los impulsa a un torneo de verdes tan maravilloso que mi alma agradecida no se atreve a premiar.

Más abajo ya puedo ver los retoños, los arbustos prometen sus flores con mil pimpollos, los jazmines naturales son enormes presencias blancas y  celestes. Las Santa Ritas totalmente libres y desprolijas se trepan a lo que pueden y furiosas de espinas lo anuncian con rojos y violetas.

Ya casi termino. Me reconforta ese claro de pasto suave y parejo, salpicado con matas de gladiolos, de margaritas, de azucenas, hasta reconozco algún jazmín del Cabo.

Tan absorto me mantenía la flora que con un respingo advierto la fauna.  Los pájaros con su incesante movimiento parecen multiplicarse, son tan variados que me confunden.  Tratando de poner orden, mi mente los clasifica por el lugar. Están los que revolotean entre los árboles, los que lo hacen entre los arbustos y finalmente los que picotean entre el pasto. Es inútil, al instante vuelven a moverse y se mezclan de nuevo.

Debe haber agua cerca, veo los pequeños brillos afanosos de las abejas, la danza encantada de las mariposas y el enojado zumbar de los aguaciles. Finalmente, la angustia del silencio que me impone ese cristal me devuelve melancólico.

Miro alrededor y me apena el polvo que ahora lo cubre todo. Me acomodo paciente esperando a mi nieta, hoy le toca. Al rato la oigo con estruendo de metales abrir la reja de la entrada. La veo tan pequeña, con escobillón y plumero. La vida la ha ido encorvando, son tantos los años que nos cuida y mantiene limpio el lugar. Sabiendo que demorará por lo menos una hora, aprovecho la reja abierta y en puntas de pie salgo a dar una vuelta.

El día está gris y nublado. Ya fuera del panteón familiar recorro la necrópolis a mis anchas intentando reconocer a los recién llegados.

No me quejo. De alguna forma sé que merezco este destino de espera. Hasta creo estar más cerca de soltar por fin las amarras. Alguien con benevolencia me estimula y, cada vez con más frecuencia, puedo ver nuevos paisajes del Paraíso mientras  limpio el ventanal.

 

Carlos Caro

Paraná, 25 de Septiembre de 2013

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8 comments

  1. Fantástico. Un recorrido por la vida desde los recuerdos de infancia hasta ese final inesperado que te hace regresar al principio para leerlo de nuevo desde otro punto de vista. Es un juego de lo más interesante.
    Besos: Sol

  2. Me encanta que detalles tanto todo. Cuando yo escribo me re cuesta ser detallista. Me parece un muy buen relato sinceramente me fasino. Soy nueva en esta red y no entiendo mucho. Me gustaria que pasaras a ver lo que escribi yo hoy, voy a escribir un cap de la novela que escribo todos los lunes, y me encantaria tener tu apoyo. Y si me enseñas a usar esto un poco mejor porque no caso una.

  3. Me encanto el momento de explicar la escena, la imaginé palabra tras palabra imaginé la escena de los pajaro revoloteando por ahí cada uno con un sonido especifico mientras leía me acompañaba un fondo de violines que agudizo mucho mas mi imaginacion y poco a poco me encontre en un bosque lleno de animales que ni yo conocia pero mi mente si.

    Gracias por el viaje, un abrazo

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