¡Black!

Black¡Auuu! Qué dolor de cabezaaa… Es tan agudo que no lo soporto, jadeo, aúllo y encajo los dientes. Con los ojos desesperadamente cerrados, veo parpadeantes telones de colores rojos oscuros o morados y él, sobre ellos, forma chispazos destellantes. Ya al borde de la locura sin embargo, se va amansando, se va estrechando a algo aguantable.

Inspiro profundamente y comienzo a jadear más lento; cuando llega a un definido palpitar sobre mi ceja derecha abro los ojos ¡Es igual! La oscuridad es total, da lo mismo abrirlos o cerrarlos ¡No veo ni una rendija!

Sin moverme detecto un tufo malsano: de mugre, de sudores animales, de orines y excrementos ¡Miedo! Huelo el miedo que ha impregnado este lugar y yo mismo ya lo siento. El silencio es tan profundo que me aísla más aún ¿Me pareció? Creo oír algo, dejo de respirar y presto atención ¡Ahí está! Parecen ladridos tremendamente lejanos que de algún modo extraño me reconfortan.

¿Dónde estoy? Muevo un poco el cuerpo y me apoyo en una pared de ladrillos, amontonados desprolijos y tan ásperos como una lija. El piso se me hace de tierra enseguida. En  cuanto levanto polvo, lo aspiro y lo mastico chirriando entre las muelas. El tambor que me lastima la cabeza aminora su ritmo y me muevo bamboleante, siguiendo las paredes para dimensionar mi encierro. Creo encontrar algunos ángulos, pero son pocos, no detecto ninguna abertura. Es, por fin, un pozo sin salidas con un techo que en esta oscuridad es solo imaginado.

Pasan horas o días, o quizás solo minutos. Tengo hambre, los retorcijones de mi estómago compiten en mi martirio con el Tam, Tam de mi sien. Pero lo peor es la sed…, me obnubila y enloquezco de ansiedad. Se me ha hinchado la lengua y me cuelga de la boca jadeante.

Lo he recordado todo. Me deben haber seguido. Yo iba tranquilo andando por la vereda durante un día soleado, me detenía aquí o allí, distraído. De repente un camioncito se detuvo a mi lado, uno se me vino por el frente, el otro salió por la puerta trasera y me cortó el escape por detrás. Sin intercambiar palabras, me echaron un lazo al cuello y me empujaban dentro del vehículo. Como daba quejidos por mi tráquea apretada y me retorcía en un ataque de pánico, me han desmayado de un golpe en la cabeza. No entiendo…, me conocen desde hace años. Vago por ahí sin molestar a nadie, creo que incluso soy bastante apreciado en el barrio. Me saludan, intercambian chistes, hasta me convidan con alguna cosita dos por tres.

Pego un salto, asustado, cuando me sorprenden ruidos metálicos atronadores; no tengo a donde huir. Aterrado los siento venir desde ese techo negro, espeso e infinito ¡Luz! A raudales, me ciega y me petrifica. Mis ojos ya vencidos ni la recuerdan. Aprovechan, con un palo me enlazan del cuello y comienzan a levantarme colgando. Ya no tengo fuerzas ni para debatirme. Parece que tardo horas en llegar arriba; solo me muevo por algún espasmo reflejo. Me arrojan, exangüe, sobre una mesa metálica y allí, una bella joven vestida de blanco, con tono amable y cariñoso, me dice sin que la entienda: Quedate tranquilo Samuel, ya no vas a tener que sufrir nunca más esa vida de perro. Me pincha con algo y al rato de mirarla esperanzadoramente en paz, advierto, traicionado por ese cariño altivo y superior, que mi corazón se va deteniendo, me doy cuenta de mi injusto fin y, mientras se desvanece, entre las cenizas de los hornos, caigo otra vez hacia la oscuridad e intento transmitir: ¡Nooo!

 

Carlos Caro

Paraná, 26 de julio de 2013

Descargar XPS: http://xurl.es/iic0y
Safe Creative #1310168779472

Anuncios

4 comments

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s